Verbena del Mantón en Ramales de la Victoria
Historia, chotis y mantones en el corazón del Alto Asón
Las fiestas populares tienen muchos orígenes posibles: una devoción religiosa, el ciclo agrícola, la memoria de un suceso extraordinario. La Verbena del Mantón de Ramales de la Victoria pertenece a esa última categoría, y lo que la hace verdaderamente singular es que el suceso que le dio origen fue una batalla real, librada a pocos metros de donde hoy se levanta el palco de honor. Estamos en pleno Alto Asón, en el interior oriental de Cantabria, a apenas unos kilómetros de la frontera con Vizcaya, en un municipio cuya historia está marcada a fuego por los conflictos del siglo XIX.

Cada primer sábado de julio, Ramales se transforma. Los Jardines de José Antonio —el pequeño pero querido parque del centro— se llenan de sillas, de música de organillo, de mujeres con mantones de flecos largos sobre los hombros y de parejas que bailan el chotis con una solemnidad que contrasta con el jolgorio circundante. A medianoche, los fuegos artificiales sobre el río Asón cierran una velada que mezcla historia, baile, gastronomía y el orgullo de un pueblo pequeño que ha convertido su peculiaridad en un referente festivo de toda la región.
La celebración está declarada Fiesta de Interés Turístico Regional de Cantabria y atrae cada año a visitantes llegados de toda la cornisa cantábrica y de más allá. Esta guía te lo cuenta todo: de dónde viene la leyenda del baúl, cómo es el concurso de baile, qué puedes ver y hacer durante la jornada y cómo sacarle el máximo partido a la visita.
Una batalla, un general y un baúl de Manila
Para entender la Verbena del Mantón hay que retroceder hasta los años más convulsos del siglo XIX español. Entre 1833 y 1840, España vivió la Primera Guerra Carlista, un conflicto dinástico y político que enfrentó a los partidarios del infante Carlos María Isidro —los carlistas— contra los liberales que apoyaban la regencia de María Cristina en nombre de la joven reina Isabel II. Las guerras carlistas no solo marcaron el curso de la historia de España: también dejaron su huella en docenas de pueblos y villas del norte peninsular que se convirtieron en escenario de batallas, asedios y escaramuzas.
Ramales fue uno de esos escenarios. En los meses de abril y mayo de 1839, la villa fue testigo de una de las acciones militares decisivas del conflicto. El general carlista Rafael Maroto, acorralado por las fuerzas liberales, intentó resistir en las alturas que rodean el valle del Asón. Frente a él, el general Baldomero Espartero lideró el ataque liberal con una contundencia que no dejó margen de maniobra al enemigo. Maroto y sus tropas tuvieron que retirarse precipitadamente, y en esa huida dejaron atrás pertrechos, víveres y todo aquello que entorpecía la marcha.
Entre lo abandonado —según cuenta la tradición, con ese preciso equilibrio entre historia y leyenda que tienen los mejores relatos populares— había un baúl repleto de mantones de Manila. Piezas de seda bordada, con sus largos flecos de colores, que los carlistas habían traído consigo sin que nadie supiese muy bien con qué propósito. Cuando Espartero entró victorioso en la villa, encontró el tesoro textil y tomó una decisión que quedaría grabada en la memoria colectiva del pueblo: regaló los mantones a las mujeres de Ramales que le vitoreaban en las calles.
Aquel gesto generoso tuvo consecuencias duraderas. La victoria de Espartero fue tan relevante a nivel nacional que aceleró el final de la Primera Guerra Carlista y valió al general el título de Duque de la Victoria. Y el pueblo que había sido escenario de esa gesta no tardó en incorporar el apelativo al propio nombre: desde entonces, la localidad se llama oficialmente Ramales de la Victoria. El mantón de Manila, símbolo de aquel regalo improvisado, quedó indisolublemente ligado a la identidad del pueblo.
No se sabe con precisión en qué momento exacto se formalizó la Verbena del Mantón como fiesta anual. La tradición apunta a que la celebración tiene raíces en el propio siglo XIX, aunque su estructura moderna como concurso de baile reglado y festejo con programa establecido se fue consolidando a lo largo del siglo XX. Lo que sí está documentado es que la fiesta fue declarada Fiesta de Interés Turístico Regional de Cantabria, reconocimiento que certificó su valor como patrimonio inmaterial vivo y la proyectó más allá de los límites del municipio.
El mantón de Manila
El protagonista indiscutible de la fiesta merece un capítulo aparte. El mantón de Manila es una de las prendas más icónicas de la indumentaria española, con una historia que cruza varios océanos antes de convertirse en símbolo del casticismo madrileño.
Su origen está en China, donde los bordadores cantoneses producían desde antiguo telas de seda decoradas con motivos florales, aves y paisajes orientales. Estas piezas llegaban a España a través de las rutas comerciales del Galeón de Manila, el barco que desde el siglo XVI conectaba el puerto novohispano de Acapulco con Manila —en las Filipinas, entonces colonia española— y desde allí con el mercado europeo. El nombre de «mantón de Manila» recuerda precisamente ese tránsito por el archipiélago filipino antes de llegar a la Península.
En España, el mantón se incorporó primero al vestuario de las clases populares andaluzas y, desde allí, al imaginario castizo del Madrid decimonónico. Las chulaperías, verbenas y fiestas de barrio de la capital adoptaron el mantón como seña de identidad femenina: su despliegue sobre los hombros, con los flecos cayendo hasta la cintura, era tanto una declaración estética como una afirmación de carácter. Pintores como Goya, Fortuny o Sorolla lo inmortalizaron en sus lienzos; el género chico y la zarzuela lo convirtieron en atrezzo imprescindible.
Un mantón de Manila auténtico, bordado a mano en seda, puede representar cientos o incluso miles de horas de trabajo. Los motivos más valorados incluyen flores de peonía o crisantemo, aves del paraíso, mariposas y paisajes orientales bordados con hilos de varios colores sobre un fondo negro, blanco, rojo o crema. Los flecos, que pueden medir hasta 40 o 50 centímetros, completan la prenda con un movimiento propio cuando la portadora baila o camina. En la Verbena del Mantón de Ramales, la calidad y el diseño del mantón forman parte expresa de los criterios de valoración del jurado, lo que convierte cada edición en una pequeña exposición de estas piezas.
El concurso de chotis
La Verbena del Mantón no es solo una fiesta de ambiente: su núcleo es un concurso de baile por parejas con unas reglas precisas y un jurado que evalúa con criterio cada actuación. Ese carácter competitivo y reglado es lo que le da a la celebración su tono singular, a medio camino entre la romería popular y un certamen artístico de guante blanco.
Las parejas participantes deben ataviarse con la indumentaria tradicional establecida: ellas con mantón de Manila dispuesto sobre los hombros, y ellos con traje de chulo madrileño —pantalón oscuro, faja, camisa y chaleco, con el característico sombrero de ala corta en algunos casos—. La vestimenta no es accesoria: es parte de la puntuación y refleja el esfuerzo y el cuidado que cada pareja ha puesto en la preparación.
El baile principal es el chotis, ritmo de origen centroeuropeo que llegó a España a mediados del siglo XIX y echó raíces definitivas en el Madrid castizo, donde se convirtió en el baile por antonomasia de las verbenas populares. El chotis se caracteriza por sus pasos cortos y precisos, su compás de tres tiempos y una cierta solemnidad contenida que lo distingue de los bailes más expansivos. Bailarlo bien exige coordinación entre los dos miembros de la pareja, musicalidad y un porte que combine naturalidad con elegancia.
La música la pone la Banda Municipal de Música de Ramales, acompañada del inconfundible sonido del organillo. El organillo es el instrumento fetiche de las verbenas españolas del XIX: mecánico, ruidoso, insistente y entrañable a partes iguales. Su presencia en la Verbena del Mantón no es un adorno folclorista: es una decisión consciente de mantener vivo el vínculo sonoro con aquellas veladas de barrio que el Madrid castizo convirtió en una forma de vida. Al chotis se suman el pasodoble, el tango madrileño y otros ritmos de raigambre castiza que amplían el repertorio de la velada sin alterar su espíritu.
El jurado evalúa cada actuación atendiendo a tres criterios fundamentales: la técnica de baile y el estilo de cada miembro de la pareja, la armonía y coordinación entre los dos, y la calidad y presentación del mantón. La pareja ganadora recibe el reconocimiento público en el palco de honor, y los mantones más valiosos —algunos son auténticas piezas de colección que pasan de madres a hijas— se convierten en los protagonistas de los comentarios y los selfies del resto de la noche.
Programa de la jornada
La Verbena del Mantón concentra toda su programación en una sola jornada, el primer sábado de julio, con una secuencia de actos que va ganando intensidad según avanza el día hasta culminar en los fuegos artificiales de medianoche.
| Hora aproximada | Actividad |
|---|---|
| Tarde | Ambiente festivo en el centro de Ramales. Puestos de productos locales y artesanía en los alrededores de los Jardines de José Antonio |
| Noche (21:00 aprox.) | Apertura de la verbena en los Jardines de José Antonio. Primeros acordes del organillo y la Banda Municipal. Comienzo del desfile de parejas participantes |
| Noche | Concurso de baile por parejas: chotis, pasodobles y ritmos castizos. Valoración del jurado. Exhibición de mantones de Manila |
| Noche | Actuación de la Banda Municipal de Ramales de la Victoria y acompañamiento del organillo. Baile abierto para todos los asistentes |
| 00:00 aprox. | Fuegos artificiales sobre el río Asón como preludio y clímax de la verbena nocturna |
| Tras los fuegos | Verbena libre, baile popular y ambiente festivo en el centro del municipio hasta la madrugada |
El Ayuntamiento de Ramales complementa la jornada del sábado con actividades en días previos o posteriores que pueden incluir exposiciones, charlas históricas sobre la batalla de Ramales, actuaciones musicales en el paseo o actividades infantiles. El programa detallado de cada edición se publica en los canales oficiales del municipio con antelación suficiente.
Los Jardines de José Antonio
El marco en el que se celebra la Verbena del Mantón tiene una importancia que va más allá del escenario físico. Los Jardines de José Antonio —conocidos popularmente simplemente como «los jardines»— son el salón al aire libre del municipio, el espacio de encuentro por excelencia de los ramaliegros a lo largo de todo el año. Situados en el centro de la villa, a orillas del río Asón, sus árboles centenarios, sus bancos de madera y su atmósfera recogida crean el ambiente perfecto para una verbena de estas características: íntima sin ser asfixiante, elegante sin resultar fría.
El municipio de Ramales de la Victoria se asienta sobre el valle formado por la confluencia del Asón y el Gándara, rodeado de cumbres de caliza que en julio presentan una paleta de verdes intensos. La villa tiene un casco urbano relativamente compacto, con arquitectura popular montañesa, algunos palacios y casas nobles de los siglos XVI al XVIII —el más destacado, el Palacio de Revilladiego, del siglo XVI, que fue propiedad del virrey de México don Juan Francisco de Güemes y Horcasitas—, y el Ayuntamiento, construido a principios del siglo XX como homenaje explícito a la victoria liberal de 1839.
Ese contexto arquitectónico e histórico convierte cualquier paseo por Ramales durante la fiesta en algo más que una simple visita a una verbena. Cada calle tiene una capa de historia que la Verbena del Mantón contribuye a activar y hacer visible.
Detalles que hacen única esta celebración
La Verbena del Mantón tiene varias características que la distinguen del resto de fiestas del verano cántabro y que merecen destacarse.
La primera es su singularidad geográfica y cultural. Estamos en el interior de Cantabria, a decenas de kilómetros de la costa, en un valle rodeado de montañas. Y sin embargo, la fiesta que aquí se celebra rinde homenaje al casticismo madrileño: el chotis, el organillo, el mantón de Manila y el traje de chulo son señas de identidad de los barrios populares de Madrid, no de la Cantabria rural. Ese trasplante cultural —propiciado por aquel baúl abandonado en 1839— crea una combinación que no tiene equivalente en ningún otro punto de la región.
La segunda es el carácter austero y auténtico de la celebración. La Verbena del Mantón no es una fiesta masificada ni mediáticamente sobredimensionada. Ramales tiene en torno a 2.500 habitantes, y la fiesta mantiene una escala humana que la hace especialmente atractiva para quienes buscan experiencias genuinas lejos del turismo de masas. Las parejas que participan en el concurso son vecinas del pueblo y sus alrededores; los mantones son piezas familiares que se cuidan con esmero durante todo el año; el organillo es el mismo que ha sonado en los jardines durante décadas.
La tercera es la inusual espectacularidad de los fuegos artificiales. Los visitantes que llegan por primera vez a Ramales suelen sorprenderse ante la calidad del castillo de fuegos que cierra la noche: la estrechez del valle, con las montañas de caliza como paredes naturales, crea una caja de resonancia que amplifica tanto el sonido como el reflejo visual de los destellos sobre el río Asón. Quienes los han visto desde el puente o desde las orillas del río coinciden en que el espectáculo no tiene nada que envidiar a los de fiestas con presupuestos muy superiores.
La cuarta es el entorno espeleológico excepcional que rodea el municipio. La comarca del Alto Asón alberga algunas de las cuevas más importantes de Cantabria, entre ellas la cueva de Covalanas, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2008, con pinturas rupestres de hace al menos 17.000 años. Y la cueva de Cullalvera, situada prácticamente en el núcleo urbano de Ramales, con una de las cavidades de entrada más grandes de Europa. Quien visita la Verbena del Mantón tiene entre manos la posibilidad de combinar fiesta, historia y una de las experiencias prehistóricas más impactantes del norte de España.
Información práctica
Fecha: La Verbena del Mantón se celebra siempre el primer sábado de julio. La fiesta principal es nocturna, con el concurso de baile y los fuegos artificiales a partir del anochecer. El programa completo de cada edición se publica en el portal oficial del Ayuntamiento de Ramales.
Cómo llegar: Ramales de la Victoria se encuentra en el interior oriental de Cantabria, bien conectado por carretera. Desde Bilbao, el trayecto dura unos 40 minutos por la A-8 y la N-629. Desde Santander, aproximadamente una hora por la A-8 hasta Castro Urdiales y luego la N-629 hacia el interior, o por la CA-260 a través de Laredo. Desde Burgos, unas dos horas por la N-629 o la BU-520. El aparcamiento en el casco urbano es limitado durante la noche de la fiesta; se recomienda aparcar en las zonas habilitadas en los accesos al municipio y acceder a pie.
Alojamiento: La oferta de Ramales es reducida pero acogedora. La Pensión La Sobana, en la Avenida del General Franco, es la opción más clásica del municipio. Para quien prefiera una experiencia de turismo rural, los municipios del entorno —Rasines, Soba o la comarca del Asón en general— cuentan con casas rurales de buena calidad en entornos naturales de gran belleza. Dado que la fiesta atrae visitantes de todo el norte peninsular, reservar alojamiento con bastante antelación es imprescindible.
Gastronomía: La cocina de Ramales y el Alto Asón tiene en el río como protagonista: trucha del Asón y salmón del Cantábrico preparados a la brasa o en salsa son los platos más representativos. El queso de nata cántabro, cremoso y de sabor delicado, acompaña cualquier comida. El Asador Juancho, en el Salto del Oso, es uno de los restaurantes más valorados de la zona. Durante la verbena, los puestos y bares del entorno de los jardines ofrecen pintxos, embutidos y bebidas para mantener el ánimo a lo largo de la velada.
Qué ver en los alrededores: La visita a las cuevas de Covalanas —con cita previa, cupos muy limitados— es una experiencia que merece planificar con antelación. La cueva de Cullalvera puede visitarse con más facilidad desde el propio centro de Ramales. El desfiladero del río Calera, la cascada del río Asón (en el vecino municipio de Soba) y los puentes históricos de Gibaja y Salto del Oso completan un catálogo de visitas naturales de primera categoría. Para quienes llegan desde el País Vasco, la proximidad de Castro Urdiales y las Encartaciones vizcaínas permite ampliar la ruta con facilidad.
Lo que los visitantes suelen preguntar
¿Cuándo se celebra la Verbena del Mantón de Ramales de la Victoria?
La Verbena del Mantón tiene lugar el primer sábado de julio de cada año. La fiesta es principalmente nocturna: el concurso de baile arranca al anochecer en los Jardines de José Antonio y los fuegos artificiales sobre el río Asón cierran la velada hacia la medianoche.
¿Por qué se celebra la Verbena del Mantón en Ramales?
La fiesta conmemora un episodio de la Primera Guerra Carlista (1839): el general carlista Maroto, en su huida tras la batalla de Ramales, abandonó un baúl con mantones de Manila. El general liberal Espartero, victorioso, los repartió entre las mujeres del pueblo. Ese gesto quedó en la memoria colectiva y dio origen a la verbena. La misma batalla provocó que el municipio añadiera «de la Victoria» a su nombre.
¿Se puede participar en el concurso de baile sin ser de Ramales?
El concurso está abierto a parejas de fuera del municipio. Para participar es necesario inscribirse con antelación y cumplir los requisitos de indumentaria: mantón de Manila para ellas y traje de chulo madrileño para ellos. Los detalles de inscripción se publican en el Ayuntamiento de Ramales con semanas de antelación.
¿Qué criterios sigue el jurado para elegir la pareja ganadora?
El jurado valora tres aspectos fundamentales: la técnica y el estilo al bailar el chotis y los demás ritmos, la armonía y coordinación de la pareja, y la calidad y presentación del mantón de Manila lucido por la dama. Algunos mantones participantes son piezas de gran valor, bordadas a mano en seda, que se han transmitido de generación en generación.
¿Qué son las cuevas de Covalanas y cómo se visitan?
La cueva de Covalanas, en el término de Ramales de la Victoria, alberga pinturas rupestres del Paleolítico Superior de hace al menos 17.000 años, con representaciones de ciervos y un caballo. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2008. Las visitas son guiadas, con cupo muy limitado, y es imprescindible reservar con antelación a través del centro de recepción de visitantes de las Cuevas Prehistóricas de Cantabria.
¿Hay fuegos artificiales en la Verbena del Mantón?
Sí. Los fuegos artificiales son uno de los momentos más esperados de la jornada. Se lanzan sobre el río Asón hacia la medianoche y el efecto que produce el estrecho valle sobre el sonido y el reflejo de los destellos en el agua los hace especialmente espectaculares. Son el preludio y cierre natural de la verbena nocturna.
Información oficial y recursos
- Ayuntamiento de Ramales de la Victoria – Portal oficial del municipio
- Turismo de Cantabria – Verbena del Mantón
- Cantabria Rural – Turismo y alojamiento en el Alto Asón
- Cuevas Prehistóricas de Cantabria – Reservas para Covalanas y Cullalvera